
Cada 11 de noviembre, Portugal celebra el día de São Martinho, una fecha que mezcla tradición religiosa, cultura popular y el sabor de los productos del otoño. La historia que da origen a esta celebración se remonta al siglo IV y tiene como protagonista a Martino de Tours, un soldado romano que un día de frío y lluvia se encontró con un mendigo tiritando en el camino. Sin nada más que ofrecerle, cortó su capa en dos y le dio la mitad para abrigarlo. En ese momento, cuenta la leyenda, el cielo se despejó y un sol cálido sustituyó la tormenta. Por eso, cuando a mediados de noviembre el tiempo mejora inesperadamente, los portugueses hablan del Verão de São Martinho, el “veranillo de San Martín”.
La figura del santo simboliza la generosidad y el acto de compartir, valores que se reflejan también en la forma en que se celebra su día. En Portugal, el 11 de noviembre marca el fin de las cosechas y el momento de probar el vino nuevo. En pueblos y ciudades, las personas se reúnen para hacer el tradicional magusto: una hoguera alrededor de la cual se asan castañas y se bebe água-pé o jeropiga, una mezcla de mosto y aguardiente.
Generalmente, la palabra magusto proviene del latín magnus ustus, que significa “gran fuego”, y alude precisamente a esa costumbre de reunirse en torno a una hoguera. El magusto es una festividad folclórica tradicional que se celebra en diferentes partes del país, ya sea el Día de San Simón (29 de septiembre), el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) o el Día de São Martinho (11 de noviembre). En todas ellas se mantiene la misma esencia: amigos y familias se reúnen alrededor del fuego para asar castañas y probar el vino nuevo hecho con la cosecha reciente.

A cada cerdo le llega…
El refrán más repetido lo resume bien: “No dia de São Martinho, come-se castanhas e bebe-se vinho.” (“El día de San Martín se comen castañas y se bebe vino”). En algunas zonas rurales, la jornada también está asociada a antiguas costumbres agrícolas, como la matanza del cerdo, que marcaba el inicio del invierno y garantizaba el alimento de los meses fríos. De ahí surgen muchos de los proverbios populares portugueses sobre el santo: “A cada porco vem o seu São Martinho” (que también se usa en España) o “No dia de São Martinho, mata o porquinho e prova o teu vinho”, que reflejan el vínculo entre la fiesta, el campo y la abundancia otoñal.
São Martinho es, en definitiva, una celebración sencilla pero profundamente arraigada en la identidad portuguesa. Combina el agradecimiento por las cosechas con la alegría de compartir la comida y el vino, y mantiene vivo un espíritu de fraternidad que recuerda el gesto del soldado que un día detuvo la tormenta con un acto de bondad.