Fado - Musica

¿Qué tienen que ver Amália Rodrigues y las cerezas?

¿Qué tienen que ver Amália Rodrigues y las cerezas? A primera vista, nada. Pero basta con adentrarse un poco en la vida de Amália Rodrigues para descubrir que las cerezas esconden una de las historias más entrañables de la gran voz del fado. De hecho, gracias a ellas conocemos una anécdota que habla de la Portugal humilde de comienzos del siglo XX, de la memoria familiar y de una forma de medir el tiempo muy distinta a la nuestra.

Aunque los registros oficiales señalan que Amália nació en Lisboa el 23 de julio de 1920, ella siempre sostuvo que su cumpleaños era el 1 de julio. La explicación hay que buscarla en su infancia. Cuando preguntaba a su abuela cuándo había nacido, nunca obtenía una fecha concreta. La respuesta era siempre la misma: «Nací en el tiempo de las cerezas.»

«Não sei o dia em que nasci. Nem eu, nem ninguém na minha família. Ligaram tão pouca importância ao meu nascimento, era uma família tão grande, que não sabem. Uns diziam que nasci no dia 1 de julho, outros no dia 12, outros a 4 ou a 14. A minha avó dizia que eu tinha nascido no tempo das cerejas, que vai de maio a julho. Então eu escolhi o dia 1 de julho para fazer anos.»

«No sé el día en que nací. Ni yo ni nadie de mi familia. Le dieron tan poca importancia a mi nacimiento, y era una familia tan numerosa, que nadie lo sabe. Unos decían que nací el 1 de julio, otros el 12, otros el 4 o el 14. Mi abuela decía que yo había nacido en tiempo de cerezas, que va de mayo a julio. Entonces elegí el 1 de julio para celebrar mi cumpleaños.»

Fresco con cerezas (Fuente: Correio da Manhã)

La historia de las cerezas llegó a ser tan importante para Amália que quiso inmortalizarla en su propia casa. En la vivienda de la Rua de São Bento de Lisboa, hoy convertida en museo, mandó pintar ramas de cerezo cargadas de frutos en las paredes del comedor. No era una simple decoración: era un homenaje permanente a la frase de su abuela y a unos orígenes humildes que nunca quiso olvidar. Quien visite hoy la Casa-Museo de Amália descubrirá que las cerezas siguen allí, recordando que la mayor figura del fado nació, más que en un día concreto, en una estación del año.

Quizá por eso esta pequeña historia resulta tan conmovedora. Mientras hoy registramos el instante exacto de un nacimiento, hubo un tiempo en el que bastaba con saber que alguien había llegado al mundo cuando maduraban las cerezas. Y pocas imágenes describen mejor a Amália Rodrigues: una artista profundamente unida a la memoria, a la tradición y a esa poesía cotidiana que convirtió en la esencia de su forma de cantar.

Porque, al fin y al cabo, antes que una fecha, Amália siempre prefirió conservar un recuerdo. Y ese recuerdo tenía el color rojo brillante de las cerezas.