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La silla que sostiene Portugal: historia y vida de la cadeira Gonçalo

Si has viajado alguna vez por Portugal, seguramente recuerdas una imagen muy clara: una terraza llena de mesas metálicas, vasos de cerveza o copos de vino, el ruido de las conversaciones y, sobre todo, esas sillas tan simples y reconocibles, a menudo blancas y verdes o de colores vivos. Esa silla típica de terraza portuguesa tiene nombre: es la cadeira portuguesa, también llamada cadeira Gonçalo, y hoy es un símbolo del país.

Fuente: www.adico.pt

Aunque la asociamos a las esplanadas de Lisboa y de muchas otras ciudades, su origen está en la industria del mueble metálico portugués de comienzos del siglo XX. La empresa ADICO creó entonces una silla de tubo de acero, resistente y apilable, pensada para cafés y espacios públicos. Con los años se fue haciendo tan común que la gente empezó a llamarla simplemente cadeira portuguesa, porque todo el mundo se había sentado en una alguna vez.

Más tarde, ya en los años 50, un maestro herrero llamado Gonçalo Rodrigues dos Santos perfeccionó el modelo: ajustó proporciones, curvaturas y detalles, hasta darle la forma que hoy reconocemos al instante. Por eso muchas personas hablan también de cadeira Gonçalo. No es una pieza de lujo, sino un objeto muy funcional: aguanta la lluvia, el sol, los golpes y el uso diario de cafés y restaurantes, pero sigue siendo relativamente ligera y cómoda.

En realidad, detrás de su diseño hay influencias internacionales. A principios del siglo XX, varios arquitectos y diseñadores europeos empezaron a experimentar con sillas de tubo metálico, inspiradas en el espíritu funcional y sencillo de la Bauhaus. En Portugal, esta idea se adaptó a la realidad cotidiana de los cafés, dando lugar a un modelo muy simple: estructura vista, sin adornos, pensado para durar y para ser barato de producir. Justo por eso terminó formando parte del paisaje de las calles.

Con el tiempo, sin embargo, la cadeira portuguesa estuvo a punto de desaparecer. A finales de los años 80 muchas terrazas cambiaron estas sillas metálicas por modelos de plástico blancos, más baratos pero también menos duraderos y con menos carácter. Algunos arquitectos y el propio Ayuntamiento de Lisboa alertaron de que se estaba perdiendo un elemento muy propio de la ciudad. Poco a poco, se volvió a apostar por el modelo clásico y, en ciertas zonas históricas, se recomendó recuperar este tipo de silla para mantener la identidad visual de las esplanadas.

Un icono del diseño… que no parece diseño

Hoy la cadeira Gonçalo se mira de otra forma. Ya no es solo una silla de bar: también es un objeto de diseño reconocido. Hay marcas que la relanzan tal cual, respetando la estructura metálica original, y otras que la reinterpretan en madera, corcho o plásticos más ligeros. Se vende para terrazas, pero también para interiores de casas, hoteles o espacios culturales que quieren un toque claramente portugués.

Lo interesante es que su fama no nace en galerías ni museos, sino en la calle. Es una pieza que viene de lo popular y que solo después ha sido “descubierta” por el mundo del diseño. Sin grandes discursos, sin complicaciones: una silla cómoda, apilable, resistente y relativamente económica, que termina por convertirse en parte de la memoria colectiva del país.

Más allá de los datos técnicos, la fuerza de la cadeira portuguesa está en las historias que sostiene. Es la silla en la que alguien toma una bica mientras lee el periódico, donde una familia comparte unas bolas de Berlim frente al mar o donde un grupo de amigos alarga la conversación al final del día. Sale en miles de fotos de vacaciones sin que nos fijemos en ella, pero siempre está ahí.

La próxima vez que te sientes en un velador en Portugal, fíjate en la silla: el tubo metálico ligeramente gastado, el respaldo sencillo, la pintura marcada por el uso. Estarás ocupando un pequeño fragmento de la historia del diseño portugués, en esa discreta pero omnipresente cadeira Gonçalo que lleva décadas acompañando la vida cotidiana del país.