Marzo de 1975. El franquismo agoniza en España mientras, al otro lado de la Raya, Portugal vive la sacudida política más intensa de su historia reciente tras la Revolución de los Claveles. En ese clima de incertidumbre, equilibrios internacionales y miedo al “contagio” democrático, una portada incendió la Semana Santa sevillana. El diario El Correo de Andalucía abría con una pregunta inquietante:
«7.000 hombres desembarcaron en Rota. Destino: ¿Portugal?»
Lo que parecía una exclusiva explosiva terminó en rectificación pública y en la detención del director del periódico.
Un Martes Santo que eclipsó las procesiones
El 25 de marzo de 1975, Martes Santo, los lectores sevillanos se toparon con un titular que desplazó incluso el protagonismo de las cofradías. La información sugería que la Base Naval de Rota se había convertido en plataforma de una posible intervención estadounidense en Portugal, donde el proceso revolucionario abierto en abril de 1974 atravesaba una fase especialmente convulsa.
En plena Guerra Fría, la hipótesis no era descabellada para muchos observadores: Washington vigilaba con atención la evolución del llamado Proceso Revolucionario en Curso (PREC), y el temor a un giro hacia posiciones comunistas formaba parte del debate geopolítico occidental.
Pero la bomba informativa duró apenas 24 horas. Al día siguiente, el propio periódico rectificó con un escueto y contundente: «No hubo desembarco». La noticia procedía de un colaborador del diario, José María Sánchez Casas. Meses más tarde, su nombre aparecería vinculado a la dirección operativa de los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), organización armada de extrema izquierda.
La respuesta del franquismo
El franquismo, en sus últimos meses de vida, no toleraba sobresaltos mediáticos de esa magnitud. El 31 de marzo de 1975, el director del periódico, Federico Villagrán, fue detenido y trasladado a dependencias policiales. Pasó aproximadamente una semana en la cárcel de Ranilla.
El mensaje era claro: la información sensible sobre asuntos militares y política internacional seguía bajo vigilancia estricta. El episodio se convirtió en uno de los últimos choques significativos entre prensa y aparato represivo antes de la muerte de Franco en noviembre de ese mismo año.
Hoy, el episodio de los “7.000 marines” se lee como un pequeño thriller ibérico de la Guerra Fría. Más que una invasión frustrada, fue el reflejo de un tiempo en el que cualquier movimiento en la península podía alterar el equilibrio del mundo y donde el miedo a la extensión del comunismo venía desde Portugal.