Conocer Portugal - Historia

De las acampadas por la vivienda a los indios de Meia Praia: Portugal vuelve a luchar por la vivienda

En estos días, las plazas de Oporto y Lisboa han vuelto a convertirse en espacios de lucha por el derecho a la vivienda. Decenas de tiendas de campaña han ocupado lugares céntricos como la Praça D. João I, en Oporto, y el Rossio, en Lisboa, para denunciar el encarecimiento de los alquileres y exigir viviendas asequibles. La escena tiene algo de paradójico: en un país que hizo de la libertad y la transformación social algunas de las grandes promesas de la Revolución de los Claveles, miles de personas siguen teniendo dificultades para acceder a una casa. Pero esta lucha no es nueva. Hace más de medio siglo, en el Algarve, un grupo de familias de pescadores demostró que organizarse colectivamente podía cambiar las condiciones de vida de toda una comunidad. Eran los llamados índios da Meia Praia, cuya historia quedó inmortalizada en una canción de Zeca Afonso y que hoy vuelve a interpelarnos. Cincuenta años después, aquella experiencia sigue planteando una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que el acceso a una vivienda digna continúe siendo uno de los grandes problemas de nuestro tiempo?

De Monte Gordo a las dunas de Meia Praia

Para entender la historia de los llamados índios da Meia Praia, hay que viajar hasta Lagos, en el Algarve, y retroceder varias décadas. A mediados del siglo XX, familias vinculadas a la pesca llegaron desde Monte Gordo buscando mejores condiciones de vida. La bahía de Lagos y la ría de Alvor ofrecían oportunidades para pescar y recoger marisco, pero ganarse la vida con el mar no significaba tener garantizado un lugar digno donde vivir.

Viviendas originales en Meia Praia
Fuente: poderlocal.pt

Estas familias se asentaron en la zona de Meia Praia, donde levantaron refugios improvisados con madera, cañas y junco recogido en las dunas. Eran construcciones precarias, muy alejadas de lo que hoy entendemos por una vivienda adecuada. La población de Lagos comenzó a llamarlos «indios» por el aspecto de aquellas cabañas, que recordaban a un poblado levantado con materiales vegetales.

El apodo, nacido de la apariencia de sus viviendas, terminó identificando a toda una comunidad. No eran personas que hubieran elegido vivir de aquella manera por romanticismo ni por una voluntad de apartarse de la sociedad. Eran familias que necesitaban un lugar donde instalarse cerca de su medio de vida y que no encontraban una alternativa habitacional adecuada.

El 25 de Abril también tenía que cambiar las casas

El 25 de abril de 1974 puso fin a la dictadura del Estado Novo y abrió en Portugal un periodo de profundas transformaciones políticas y sociales. La vivienda era una de las grandes cuestiones pendientes. En numerosos lugares del país existían barrios precarios, asentamientos informales y familias sin acceso a un alojamiento adecuado. La revolución abrió la posibilidad de abordar esos problemas de otra manera, dando protagonismo a quienes los sufrían directamente.

En agosto de 1974 se puso en marcha el Serviço de Apoio Ambulatório Local (SAAL), un programa público que pretendía responder a las necesidades de vivienda de las poblaciones más desfavorecidas. Su planteamiento era innovador: las comunidades afectadas debían participar en la organización de sus barrios y en las decisiones sobre sus futuras viviendas, con el apoyo de equipos técnicos y financiación pública.

Fotograma del documental «Continuar a Viver – Os Índios da Meia-Praia»

En Meia Praia, esta idea encontró una de sus experiencias más representativas. Con el impulso del arquitecto José Veloso y la colaboración de los vecinos organizados en la Associação de Moradores 25 de Abril, comenzó un proceso de construcción colectiva que transformaría las antiguas barracas en viviendas de obra.

Aquella experiencia no estuvo exenta de dificultades. Las expectativas de transformación social chocaron con las limitaciones administrativas, económicas y políticas de los años posteriores a la revolución. Sin embargo, el barrio quedó como uno de los ejemplos más conocidos de la arquitectura participativa vinculada al SAAL.

Zeca Afonso y la canción que convirtió un barrio en símbolo

En 1976, José Afonso, conocido popularmente como Zeca Afonso, publicó Os Índios da Meia Praia en el álbum Com as Minhas Tamanquinhas. La canción narraba la historia de aquella comunidad y de su lucha por conquistar unas condiciones de vida dignas.

Su importancia va mucho más allá de acompañar musicalmente un episodio de la historia portuguesa. Zeca Afonso convirtió la experiencia de unos vecinos concretos en una historia colectiva sobre la desigualdad, el trabajo y la posibilidad de cambiar las cosas mediante la acción común.

También existe un documental sobre esta historia: Continuar a Viver – Os Índios da Meia-Praia, dirigido por António da Cunha Telles en 1976 y que podemos encontrar en YouTube, constituye un testimonio fundamental de esta experiencia de lucha por la vivienda en el Portugal posterior a la Revolución de los Claveles. La película retrata a las familias de pescadores de Meia Praia y el proceso colectivo mediante el cual comenzaron a transformar sus precarias chabolas en viviendas dignas, con el apoyo del programa SAAL y la participación del arquitecto José Veloso. Más que documentar una obra arquitectónica, muestra una experiencia de organización popular en la que los propios vecinos se convierten en protagonistas de la construcción de su barrio. Su valor reside también en conservar la memoria de un momento en el que la vivienda se entendía como una cuestión de justicia social y en el que la participación ciudadana aspiraba a cambiar las condiciones materiales de vida. Casi medio siglo después, el documental sigue siendo una referencia para reflexionar sobre las luchas actuales por el derecho a la vivienda.

Los indios de Meia Praia no construyeron únicamente casas. Construyeron una memoria colectiva sobre la dignidad, la participación y el derecho a tener un lugar en el mundo. Y quizá por eso su historia continúa interpelándonos: porque, medio siglo después, el derecho a la vivienda sigue siendo una de las grandes pruebas de cualquier proyecto de justicia social.