En España, el 22 de diciembre es algo sagrado. Es ese día en el que el país se detiene, las televisiones no hablan de otra cosa y el sonido de los niños de San Ildefonso se convierte en la banda sonora de cada oficina y bar. Sin embargo, si cruzamos la frontera hacia Portugal, la película cambia bastante. Aunque existe lo que podríamos llamar el «Gordo portugués» —la Lotaria do Natal—, el ambiente es mucho más pausado.
Para empezar, las fechas no coinciden. Mientras que nosotros estamos pendientes del bombo antes de Nochebuena, los portugueses suelen esperar a que pasen las fiestas principales. En 2024, por ejemplo, su sorteo se celebró el 27 de diciembre y este año será el día 26. Esta pequeña diferencia en el calendario hace que la «fiebre» no sea tan mediática; allí la lotería se vive de forma más discreta, casi como una compra de última hora o un impulso al pasar por la administración pocos días antes de la cita.
Menos ruido mediático, más espíritu de compartir
Si hay algo que define a la lotería portuguesa es su carácter de regalo. En lugar de grandes peñas o participaciones de bar, en Portugal el décimo (que cuesta 15 euros) suele ser ese detalle que se entrega a un familiar o a un amigo íntimo. Como bien dice el lema de leste año: «La mayor suerte es participar». Es una tradición más íntima, menos enfocada en el espectáculo televisivo y más en el gesto de desear suerte a los tuyos.
A nivel de premios, el sistema también tiene su propia personalidad. El primer premio reparte 12,5 millones de euros, seguido de un segundo de 2,5 millones y un tercero de 1,25 millones. No existe la famosa «pedrea» española, pero sí una curiosidad que la hace muy atractiva: es una lotería «amable». Reparte cantidades más modestas, pero lo hace con mucha frecuencia. De hecho, estadísticamente, uno de cada tres billetes suele tener algún tipo de premio, lo que deja un buen sabor de boca a muchos jugadores.
La Santa Casa da Misericórdia de Lisboa
No se puede hablar de suerte en Portugal sin mencionar a la Santa Casa da Misericórdia de Lisboa, esta institución es el alma del sorteo. El 15 de agosto de 1498, en Lisboa —el mismo año en que los navegantes portugueses llegaron a la India tras casi un siglo de travesías oceánicas— nació la primera Misericórdia portuguesa, gracias a la intervención decisiva de la reina D. Leonor y con el apoyo pleno del rey D. Manuel I.
En las grandes ciudades, como Lisboa, el auge de la expansión marítima y de la actividad portuaria y comercial atraía a mucha gente que llegaba con la esperanza de encontrar trabajo o hacer fortuna. Pero la realidad era dura: las condiciones de vida se deterioraban y las calles se llenaban de miseria, hacinamiento y enfermedades, entre mendigos, personas abandonadas y todo tipo de desamparados. A eso se sumaban los efectos de naufragios y guerras, que dejaban tras de sí numerosas viudas y huérfanos, mientras que la situación de los encarcelados en las prisiones del reino resultaba especialmente angustiosa.
La Santa Casa es responsable de explotar los juegos sociales, en nombre y por cuenta del Estado, y en régimen de exclusividad para todo el territorio nacional con la marca Jogos Santa Casa. Desde sus inicios, la idea era que el juego sirviera para ayudar a los más desfavorecidos, y ese trasfondo social sigue muy vivo en la identidad del sorteo hoy en día. Es una lotería con propósito.